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                        LA MADRE,

                                   EL PRIMER ESPEJO

            Un bebé no se puede ver ni tampoco es capaz de imaginarse a sí mismo: las sensaciones corporales le permiten, poco a poco, aprender que es un individuo independiente. En este proceso es clave el contacto con su mamá...

                Nuestra identidad personal y social está ligada al cuerpo: en él se escriben miedos, alegrías, tristezas y placeres. Nos percibimos como corporales, aunque poseemos una visión parcial de nosotros mismos, pues no nos vemos desde fuera. Sin embargo, establecemos contacto con los demás y con el mundo desde los sentidos.

                Cuando un bebé llega al mundo, el hecho de separarse de su madre no lo convierte en un individuo: en ese momento sólo es un organismo diferente del de ella, por lo que es necesario un proceso que le ayude a entenderse como un individuo.

                  Las primeras necesidades del pequeño son satisfechas a través del contacto con la madre y con el pecho de ésta, en donde además de saciar su hambre, el bebé comienza a sentir sensaciones de bienestar, satisfacción y placer. Es por ello que los cuidados maternos van más allá de  solo calmar el llanto del bebe; pues también son su vía para llevarlo a descubrir nuevas sensaciones en su cuerpo, y con ello ayudarlo a entender que él es un "otro" diferente a mamá. Por ello es tan importante que el bebé sea tocado, acariciado y abrazado por ella.

                En este proceso la madre tiene un papel fundamental, pues es claro que el niño entiende su corporalidad y, por tanto , su identidad, a partir de la relación que establece con ella. Es por ello que en un principio, el bebé se ve a sí mismo con los ojos con los que lo ve la madre. Su cuerpo lleva los significados que ella le da; significados que surgen de las explicaciones que la madre proporciona de las sensaciones que tiene el bebe, cuando le dice "mi pequeño ha de tener hambre", "ya tiene sueño", "tiene frio", "está cansado", "está mojadito", "está irritado"; le brinda al bebé una explicación de lo que le sucede, la cual  poco a poco él comienza a entender y a relacionar, entre lo que el bebe siente y lo que mamá dice que tiene.

            Si la madre no hiciera esto, para él todo quedaría en meras sensaciones, que no le darían una conciencia de existir. Es decir que la madre tiene un papel único en ayudar al bebe a construír su identidad, de modo que se asuma como un ser distinto a ella y al resto del mundo.

                Para ello es necesario que la madre renuncie a su hijo como parte de su ser, y rompala simbiosis original madre-bebe. Por supuesto, ella debe amarlo pero asumirlo como un ser distinto, no como "de su propiedad". Por eso, si un bebé no disfruta del contacto físico materno afectuoso tiene problemas para crear una imagen de sí mismo. De igual forma, el que es asfixiado de afecto presenta dificultades para concebirse como un ser independiente. En cambio si este proceso se da correctamente, un día el bebé entiende que esas piernas, esas manos y ese vientre que él siente también son visibles y tangibles para los demás.

    

 

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